Aún

Aún, al fondo, el rugido innecesario de motores de combustión.

Aún gente precipitándose sobre semáforos en verde.

Aún ansia, asfixia y preocupaciones,

en un asilo sin flores

pero con resaca.

 

Reducidas en prisa las almas vivas.

Los segundos huyen con rebeldía, maletín y corbata,

tanto hoy como todos los días,

a todas horas,

en todos los lugares de un mundo que, aún así,

siguen llamando precioso.

 

Y de nuevo,

un trajeado de aire sucio reviste las calles de monotonía por la mañana.

Un juego eterno de pestañeos semieternos.

Una existencia en letargo, en un sueño mal vestido;

Una constante obsesión por las obsesiones y lo obsesivo;

Una ciudad en los prados asfódelos

y mis malditas piernas en ella.

 

Aquel deseo de una mochila a mis espaldas,

lejos de aquel „bueno…“ que se murmura en mi entorno como un chacra.

Aquel hastío imbécil.

Aquel pensar solidario.

Aquella compasión que duele pero es necesaria.

Aquel lastre de preservar la vida.

Aquel instante, todos los dias, en el que nada cambia.

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