Las gaitas de Aberdeen

Si bien el destacado e histórico señor Aberdeen, principal símbolo de la tradición escocesa, no era más señor que una pluma con bigote, no dudaba en dar largos paseos a través del condado de Aberdeenshire cada tres años, con la pipa entre los labios y una falda a cuadros, cuidada, que dejaba al descubierto rodillas y espinillas, peludas y enzarzadas.
Resulta también contradictorio que el afeminado Lord Aberdeen, renombrado fundador de la tradición escocesa, no era de ninguna manera Lord escocés, sino de familia, partida y proveniencia galesa. Es decir, un Lord mudado, que a la muerte de sus padres, tras heredar la mayor parte de las tierras de Monmouthshire había decidido venderlas, y se había trasladado al pequeño Concartyshire, en Escocia, para llevar a cabo sus verdaderos sueños.
Ya anteriormente algunas bocas retorcidas galesas hablaban de la perversión satánica del Lord, a causa de que, de vez en cuando, salía a dar paseos a caballo, tomando una postura lateral, femenina, muy poco varonil, y llegándose incluso a decir que el verdadero cuerpo del Lord era aquel de una mujer.
Probablemente la intención en su traslado sería aquella de alejarse de todo familiar o conocido del lugar, para llegar a realizarse entera y libremente.

Y cuando recordamos el estado de enemistad que habría en aquellos tiempos entre la Escocia “libre” y la Inglaterra acechante, no resulta inverosímil que los escoceses buscasen ampliar simbólicamente las leyes de la reciente libertad, estando abiertos a nuevas tradiciones y personajes, por muy locas e insanas que parecieran.

Así habría que destacar, como información probablemente necesaria, que el íntimo condado de Concartyshire fue enteramente comprado por Lord
Aberdeen en el año 1208, lo cual cambió de nombre la ciudad de Concarty a Aberdeen, llegando finalmente a llamarse, el condado entero, Aberdeenshire.

No tardaron en salir a la luz las intenciones del joven pero aún así magnánimo Lord Aberdeen, cuando al tercer año en Escocia, comenzó a pasearse por los caminos del condado en una extraña falda a cuadros y una pipa en la boca, echando miradas cautivas a su alrededor, como si estuviera buscando más tierras, o más campo, o más hombres. En serio, más hombres. De tal forma que algunos hombres de Aberdeenshire que temían la precipitación del afeminado Lord sobre sus cuerpos sanos, creyentes y heteros, comenzaron a desarrollar una excelente técnica para avisarse mutuamente cuando Lord Aberdeen era visto, con la segunda intención oculta de espantarle con un sonido de lo más estridente e insoportable. Para ello, incluso, se llegaron a realizar concursos tratando encontrar el instrumento más adecuado para asustar al Lord, venciendo una extraña bolsa, de la cual salían distintos tubos de diversos grosores y colores, que al soplar en uno de ellos, y apretar sobre la bolsa, exprimía un pitido agudo y ensordecedor.

Al sexto año de su llegada, es decir, al segundo viaje a través del condado de Lord Aberdeen, el señor afeminado se vio curiosamente envuelto, en cada lugar al cual iba, de un sonido, que el Lord, a sorpresa de todos los escoceses, veía maravilloso, de tal forma que ordenó la realización de uno de esos “chismes que asemejan al grito de una gata en celo” para su castillo, y la obligación de ser tocado cada hora, a modo de campana, en cada rincón de Aberdeenshire.

Sin lugar a dudas los escoceses del condado enloquecieron en un principio, aunque tras un tiempo acabarían acostumbrándose, llegando incluso a cogerle el gusto. Y ya que el nombre “chisme que asemeja al grito de una gata en celo” resultaba demasiado largo para su correcta y rauda pronunciación, el chisme evolucionó a “gata”.

Con el paso del tiempo las gentes de Aberdeenshire comenzaron a tomarse con humor la actitud femenina del Lord, llegando incluso a convertirse en un símbolo para la libertad de Escocia; ya que el mismo Lord Aberdeen había huido de Inglaterra, en busca de libertad absoluta. Así, cada tres años el sonido estridente de las “gatas” sonaba por las sendas del condado, y un hombre de rodillas y espinillas peludas cruzaba, en una falda a cuadros, que asemejaba a un mantel de mesa, deleitándose del celo del felino, de vez en cuando bailando, saltando y cantando.

La muerte de Aberdeen llegó justo en un momento de ocupación y control de Inglaterra sobre Escocia. En el condado de Aberdeenshire las costumbres empezaron a suprimirse a causa del poder inglés. Sin embargo el humor permaneció. A lo largo del tiempo el recuerdo de Aberdeen pervivió, así como el símbolo de la falda, y el extraño chisme de sonido estridente.

Para no olvidar el momento de libertad que Escocia había vivido anteriormente, los escoceses comenzaron a conmemorar al Lord, vistiéndose de mujeres en festivos, bailando, cantando, saltando, al son de la “gata”.

Lord Aberdeen sería el Lord Gay en bocas de todos los humoristas escoceses, y el humor del pueblo hizo mas de lo mismo, renombrando el instrumento del Lord como “gayta”.

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