Recuérdame

Recuérdame cuando llegue, el olor a asfalto y lluvia, que aún perdura en el recuerdo; la imagen del sol entre las dos montañas, y el rastro anaranjado tras su camino; las manchas verdes en el gris pixelado, o para ser más precisos, el musgo entre el granito; la ternura del tiempo que se escapa y ni se inmuta, ni se decide, ni se despide, y se esconde entre las calles del poblado; y aquella extraña sensación de agrado que las dendritas del viento producen al encerrarse en las raíces de tu pelo. Pero, sobretodo recuérdame cuando llegue, la melodía de aquel día oculta tras tu sonrisa; compases de violonchelo en silencio y con poca prisa. Eso. Recuérdamelo cuando llegue el día de mi receso, y prométeme encerrarlo, en lo carnoso de tus labios y en la memoria, como lo haría un monje con la biblia, agarrada entre sus brazos, o un preso en la jaula sin poder dar más que dos o tres pasos, o un mudo con la palabra, que por más que lo intente, siempre queda en nada, en vano. ¡Que no quede en vano! Me lo guardo, —guárdamelo—; lo enmarco, enmárcalo, lo encuadro, encuádralo: lo idolatro. Y sin montar un gran teatro, por ser quien soy, y por llegarme cuando me llega, me voy.

Así, recuérdame mis palabras cuando me llegue: Nunca olvides raptarle al tiempo lo que no es suyo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s