El vals del futuro omnipresente

La rabia es directamente proporcional a la debilidad propia. La fuerza es proporcional a la debilidad del contrario. La ira es proporcional al mal recibido, y la respuesta lo es también. La ignorancia es proporcional al narcisismo. La verdad es indirectamente proporcional al poder adquisitivo. El orgullo es proporcional al poder, y el odio es proporcional al orgullo del resto ejercido sobre uno.

Así es la vida, un vals entre directa e indirecta proporcionalidad. Las contrariedades son el alma de los espíritus de las naciones, y cada una lucha por acrecentar la (in)correcta nutrición de su intolerante alma. Pues creemos que conocemos el mundo… ¿Será que al mundo globalizado le falta aún globalización por hacer, o tal vez la relación entre globalización y sinceridad en la prensa nacional sea imposible? Pues cierto es que la prensa nutre las naciones y su ego.

Es el gobierno nacional un médico nutricionista del miedo destructivo, un entrenador personal de la irracionalidad, odio, ira y rabia. Es la prensa su espónsor, y la mentira el muro donde colgar su cartel. ¿Pero es acaso un artículo de prensa una mentira, o tal vez una simple ambigüedad, una unión de perfectas insinuaciones polivalentes?

Llegan los hechos realistas, el miedo de los altos cargos, el miedo a abrir sus bolsillos y monederos al bien universal. Escuchen bien, no hablamos de nacionalidad, sino de universalidad para arreglar los problemas… ¿palabras suntuosas, utópicas, imaginarias? Abierto queda, como el porvenir de todos.

¿Pensarán los altos cargos en el futuro, en lo que se acerca, no sólo al tercer mundo, sino al mismísimo primero, si el hielo de los polos se derrite, si el nivel del mar aumenta, si la temperatura media aumenta por decisivos grados? ¿Serán conscientes de los cambios sociales, y no sólo económicos o políticos? ¿Sabrán los políticos sobre la de corrientes migratorias que habrá, serán conscientes de que no sólo causarán conflictos bélicos nacionales, sino también extranacionales? ¿Sabrán la de bocas desahuciadas que habrá que alimentar? ¿Sabrán mirar más allá de su límite de visión actual, aquella visión tapada por rascacielos multinacionales, por lluvias de billetes, por nubes de prestigio, por los rayos bursátiles que se elevan y caen sin predicción?

¿No es curioso que se nos eduque con la historia —el saber del pasado—, que nos criemos con los medios de comunicación —el presente, aunque en continua manipulación—, pero que no recibamos ni una sola hoja de algún libro crítico, lógico, teórico y filosófico sobre la necesidad de la conciencia en el futuro? Actualmente somos búhos que solo miran atrás, a los que el miedo ha dejado la cabeza torcida por siempre.

Pensamos tanto en nuestro propio aspecto, que incluso Narciso nos envidiaría.

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