I

Opuesto al sol, cual sombra fina,
Contra la frágil agua cristalina,
Suelta ahogos un velero tendido.

Al fondo navega, cual pez dorado,
Por las crestas del dulce mar salado,
Lanzando sollozos, aún desoídos..

Es un gozo lo no vivido, —llora
Con pulmón caído—. Llegó mi hora.
¡Ya canto penas por no haberme ido!

Su sombra huye y el cuerpo perece,
El viento sopla y el oleaje crece.
El velero navega, y canta perdido;

Ya cuelgan saladas de mis mejillas,
Y solitarias al agua eterna responden.
Azules son ya, las olas del mar verde,
Y aunque tristes, vivas son, pues rompen.

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