Entre el autobús y la caravana

Todo el día estaba orientado a coger el maldito vuelo a las 12. Aún así nos bañamos en la piscina que se encontraba al lado del hostal y dimos una vuelta por la ciudad. A las nueve o así, no recuerdo bien, teníamos que coger el autobús que reservamos anteriormente y que nos llevaba directamente al aeropuerto. Yo estaba totalmente tranquilo, pero Marcia no paraba de inquietarse por cualquier tontería.

—¡Las gafas! ¿Dónde están las gafas de sol?, Que injusticia, por fin encuentro unas que me quedan bien, y las pierdo. ¡No puedo haberlas perdido! — Marcia llevaba los seis días que pasaron desde que se, o desde que le compré las gafas elogiando la marca, y la tienda. Dios mío, cómo me estresaba esa mujer.

—Marcia, cariño, las llevas puestas, y ahora relájate.

—¡Cómo quieres que me relaje si todavía ni has hecho tus maletas! Y toda esa ropa tirada por el suelo, por favor—Se estaba empezando a enfadar, por fin—¿Que quieres hacer cuando venga el autobús, eh? ¿Tirársela al conductor y que te la empaque él?

Dios Marcia, que mujer. Hice el viaje para que se relajara, pero parece que siete días Roma no era el mejor sitio para relajarla, y menos mal que todo iba a mejorar. Maldito materialismo, le dañaba que te cagas.

Recuerdo aquel viaje a San Francisco sin prácticamente nada que hicimos cuando nos conocimos. Y es que nos conocimos de una forma totalmente curiosa. Me acababan de despedir de mi trabajo como barman, así que fui al bar de al lado para tomarme unas copas, y acabé bastante contentillo. Entonces vino ella.

Por aquel entonces yo tenía una caravana bastante hippie, a pesar de odiar el movimiento. Dios los hippies, que discriminación. Todos presumían de sus melenas, cuando yo ya estaba calvo.

Sin dudarlo, yo le pregunté a la, por aquel entonces desconocida Marcia, si quería hacer un viaje conmigo en caravana, y ella dijo que sí muy decidida. A la mañana siguiente quedamos en la caravana, y elegimos el sitio al que ir.

Nunca supe que ella era tan estresante, tardé mucho en darme cuenta. Y es que hay veces que estás tan ciego de amor que cuando tu ceguera desaparece y sigues con la misma mujer, te asustas tanto de su aspecto como de su forma de ser.

Tras horas eternas de espera, al fin llegó el autobús, le dije que entrase antes, que tenía que hacer las maletas.

Lo que Marcia no sabía es que solo compré un ticket, un asiento solo, tanto para el autobús como para el avión, y que la maleta no iba a ser hecha, o por lo menos ese día. Media hora después ella se fue, llorando, rumbo al podrido Wisconsin, y yo me quedé en Roma, feliz de ser libre, de nuevo.

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9 comentarios en “Entre el autobús y la caravana

  1. Me ha gustado. Como opinión, así, crítica y puntillosa: yo aceleraría el final. Restaría parte de los pensamientos del narrador porque ya en los diálogos nos damos cuenta de cómo le afecta esa mujer al personaje. También eliminaría el encuentro entre ellos, esa pequeña intrahistoria, porque me parece que así el final puede resultar un poco más intenso y dar pie a diferentes interpretaciones. A veces hay que dejar cosas en el aire para que el lector se haga una composición propia. Pero es una opinión nada más. En conjunto me ha parecido muy entretenido. 🙂 Te seguiré leyendo. Muchas gracias por pasarte por mi blog y leerme. ¡Un saludo!

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    1. Nada hombre, hacen falta críticas así! Escribí el final a las tantas de la noche, me estaba durmiendo bastante, y puede ser verdad lo que me dices. Leeré el cuento de nuevo y miraré lo que puedo hacer con el final. Muchas gracias por pasarte.
      Un saludo:)

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  2. Me pareció curioso y hasta bueno, ver lo decisiva que estaba Marcia al querer salir de viaje con un “desconocido” hasta ese entonces.
    La decisión que partió del evento (el despido), el protagonista asumió muy bien el reto; y como todos nosotros, algunas veces tomamos esas pequeñas decisiones que marcan de alguna forma nuestra libertad.

    Referente a la conclusión, me gustó la idea de una aventura para relajarse con una persona “nueva” y “diferente” para explorar el mundo como muchos imaginamos en nuestra utopía. Y referente al contenido, opino que esa pequeña parte donde se conocen los personajes iría muy bien al inicio porque pienso que daría más parte a que el lector sienta un cierto aprecio por el encuentro, y así, tomar aún más trágico y triste el desenlace. Pero bueno, son tus letras y sabrás qué cambiar o no según lo que nazca de tus adentros, y no tanto de las opiniones de los demás.

    Aquí mi opinión; me gusta lo que escribes (aunque te he leído poco hasta el momento, lo reconozco).

    Gracias por la visita al blog en el que escribo para ti y para todos los que quieren llenarse de las letras que ahí se encuentran, que al final, son suyas también.

    Bendiciones y espero seguir leyéndote.

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    1. Gracias por este increíble comentario!
      Mi idea en este texto era mostrar lo importante que es a veces tomar decisiones no muy planeadas, es decir casi improvisadas, que se una manera u otra marcarán nuestra vida.
      Según lo que dices de colocar la historia de la caravana al comienzo, comprendo perfectamente por que lo dices, pero como he dicho antes, el texto me importaba que fuera de una manera improvisada, es decir, el pensamiento que el protagonista lleva me gusta que de repente inserte temas un poco relacionados y que de una manera u otra marcarán su vida.
      Gracias por comentar, en serio, se agradece.
      Un saludo!

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