Sobre un país miserable, el reparto social equitativo y el bienestar.

En el actual año 2014, España es el segundo país de la Unión Europea con el mayor número de pobreza infantil, y a la vez el país donde en menor nivel se reduce. También se encuentra en el segundo lugar del nivel de paro y pobreza, mayor diferencia entre rico y pobre y que a su vez más presupuesto recibe de la UE para alimentar a los pobres (Lástima que sea el que peor lo distribuye). A su vez, España es el segundo país que más presupuesto gasta en sanidad privada.

Esto quiere decir que ni si quiera somos los mejores en lo que peor hacemos, lo que resulta casi depresivo. Y es que quedar segundo nunca resulta alegre. De hecho, hay veces que hasta quedar tercero resulta mejor, y en este caso, lo sería, aunque todavía lamentable. ¿Qué quiere decir esto, somos unos fracasados, somos los payasos de Europa?

Si, lo somos. Y esto se puede observar al ser España el segundo país de la UE que más dinero destina en sanidad privada. Y, alejándonos de puestos, un país que se esfuerza demasiado en servicios de este tipo. Esto quiere decir que, si este proceso se culmina con el  objetivo que tiene previsto, la mitad de España tendrá sanidad, y el resto no. Y recuerdo, no es simplemente un país cualquiera, sino uno con mucha pobreza infantil, un gran número de paro y enormes diferencias sociales.

A su vez, la educación, que serviría para la mitad de la España que tiene el dinero suficiente, serviría del argumento de la clase alta.—Si no tienen dinero, es porque no se lo merecen. Son tontos, no saben ni trabajar—.

Aunque sólo sea una manera exagerada de ver las cosas como serían en el futuro, su razón lleva. Pero no solo en esto, sino en ver lo fácil que serían las cosas si todos tuvieramos ese mínimo de dinero necesario para poder subsistir y vivir la vida. Y es que solo el tonto invierte dinero para una mitad del país, cuando la otra mitad se le podría venir encima en cada momento.

Un buen ejemplo son las protestas en Ferguson. La mayoría de la población de allí son de piel negra, y solo una poca minoría blanca. En cambio, esta poca minoría es la que más controla la ciudad en sus sectores importantes. Lo que ocurrió en su momento fue que el malestar del resto acabó en el desastre para todos. Y Ferguson solo es un ejemplo miserable, en grandes revoluciones servirían tanto la francesa como la rusa, y como podría ocurrir también en Madagascar. Y en todos los casos, todas tendrían su origen, y normalmente un final que consiste en el  desastre.

Un país que invierte en una mitad de España, y se aleja de la otra, puede sufrir consecuencias duras para los dos, tanto a la larga como a la corta. Y en conclusiones finales y largos procesos de pensamiento, teniendo en cuenta tanto consecuencias como metas, lo más oportuno siempre resulta ser el reparto social equitativo, porque no conlleva al desastre final, sino al bienestar. Y no quiero que malinterpreten la razón de mi objetivo, por supuesto no se tendría que hacer el reparto equitativo por miedo, sino por razón, teniendo en cuenta las necesidades del ser humano, y evitando restricciones de todo tipo. Y tampoco quiero que piensen que el bienestar de las personas está en lo material, aunque muchos lo crean.

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