La élite resplandeciente

-Pero no por último sea Dios quien se encargue de llevarnos al cielo, sino la muerte, -Dijo una vez alguien.- Y solo un ser, el humano, es capaz de abrir las puertas al cielo, y la muerte no es Dios, sino un fin esperanzado que su sentido lleva, ya sea por desaprovechamiento, amargura, negativismo, vejez, y todo aquello que puede ser error y codicia tanto ajena como propia.-

Hasta tal punto llegan mis pensamientos, que cuando me dispongo a cruzar una acera, a saltar una valla o desde un bordillo a una piscina, me tropiezo con algún sinvergüenza al que me obligo a escupirle y discutirle su miseria de la cara. Como arrancar un pescuezo, pezón o una uña bien crecida, son mis palabras las que corren por sus oídos y las que traen el arrepentimiento hacia un error al seno de sus nervios.

Incluso tales son mis palabras que los restos del húmedo escupitajo me vuelven, y me traen mi propia amargura para cerrarme de una vez por todas.

¡Ay! Si fuese hablar por saber y no solo hablar por poder hablar con alguien de pobre riqueza material, las letras que formarían mis desfiguradas palabras tendrían de origen un pensamiento. Lo que daría por poder hablar con alguien de pobre riqueza material, y que mis pensamientos no parecieran jeroglíficos por descifrar, oraciones de predicador, de cura o de siervo medieval en un castillo de rey predilecto. Lo que daría por la comprensión de mis oyentes, como si para él fuera de orden simple.

Y nadie me entiende. ¿Soy yo o el lenguaje al que me ciño? ¿Y si por incrustar una bala de plomo por mi cabeza el tiempo de dedicación a mis textos fuera mayor, y su comprensión por lo tanto directamente proporcional? ¿Y si un mártir es lo que necesita el colectivo de hombres? Un hombre inerte para el actual colectivo inerte… O tal vez sea yo, o nosotros, la minoría, aristócratas intelectuales, filósofos con  lengua propia, que de nada sirven. Una élite para el pueblo ¿En tiempos de democracia? -Maldita sea.- ¿Y si traemos de una maldita vez la filosofía al pueblo, sin traición, sin opresión como si fuésemos superiores a la hora de razonar. Ahí queda, la enseñanza al pueblo de la importancia del razonamiento.

Si un colectivo avanza, no es porque una élite lo arrastre, sino porque el conjunto se desliza en contra de las leyes gravitatorias, hacia lo más alto del pálido cielo.

Corrijo por tanto mi citado. Pero no por último sea la muerte quien se encargue de llevarnos al cielo, sino nosotros mismos. Y la muerte en este caso no es negra como la noche, sino de un blanco resplandeciente.

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2 comentarios en “La élite resplandeciente

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